Pasar al contenido principal

Con Cristo en el corazón cuidemos cuidemos la vida en la casa común

https://arquimedia.s3.amazonaws.com/63/noticias/cuidado-casa-comunjpeg.jpeg

Semana del cuidado de la casa común de septiembre 28 a octubre 4 de 2020

¡SEAMOS CUSTODIOS DE LA CREACIÓN!

 En el marco del Año Laudato Si´ (2020-2021), se presenta una ocasión extraordinaria de poner en práctica las orientaciones del Papa Francisco sobre ecología integral, planteadas en la Encíclica Laudato si´ sobre el cuidado de la casa común (2015) y las exhortaciones Evangelii Gaudium (2013) y Querida Amazonia (2020). Recordemos que nuestro “Plan E” recoge estas novedades en el proyecto “Comunidades eclesiales que cuidan la vida en nuestra casa común”, a través del cual estamos invitados a una conversión integral y radical para fortalecer nuestra adhesión a Jesucristo, Nuestro Señor, y así vivir en la gracia de la Santísima Trinidad dando un gran giro, asumiendo un nuevo rumbo e imprimiendo un nuevo ritmo al proceso evangelizador en la Ciudad - Región.

Esto significa que nos esforzamos por convertir esta casa común (el planeta Tierra) en un hogar común.  De hecho la palabra ecología proviene de un vocablo griego “oikos” que significa hogar (la casa que incluye a las personas y sus bienes). Es decir, nos referimos a las relaciones de la familia que vive bajo un mismo techo y comparte un espacio común. No es una asunto solo arquitectónico o del cuidado de las plantas. Es una vivencia de comunión.  Es en este sentido que el Papa Francisco nos invita a cuidar la casa común y por tanto, reconocernos como familia de Dios. Si el Buen Pastor nos cuida con ternura y  nos llama a cada uno por nuestro nombre,  también nosotros debemos cuidarnos los unos a los otros y cuidar de nuestra casa.

 

 ¿Qué entendemos por Ecología Integral?

 El ejemplo por excelencia de una ecología integral vivida con alegría y autenticidad es San Francisco de Asís. Él llamaba hermanas a todas las creaturas porque descubrió que todos somos hijos e hijas de la misericordia de Dios. Por eso, en su espiritualidad es inseparable el amor al Creador, del servicio a los pobres, la preocupación por la naturaleza y la búsqueda de la paz interior (Cf. LS 10).

La ecología integral es un concepto poderoso que liga las diversas relaciones del ser humano y le propone el camino de cuidado como ruta de reconciliación. La parábola del Buen Samaritano, es un excelente referente para comprender de qué se trata. Los verbos que describen la acción de aquel buen hombre que se compadeció de quien estaba moribundo a la vera del camino, aplican perfectamente tanto para atender a la Hermana Madre Tierra que está siendo violentada (LS 1) como a los seres humanos que están siendo descartados por una economía que mata y unas políticas excluyentes y discriminatorias.

 

¿Qué implica evangelizar desde la ecología integral?

 Lo anteriormente dicho explica por qué el Papa puso en funcionamiento, en 2017, un Dicasterio para la promoción del Desarrollo Humano Integral, en el que confluyen antiguas instancias vaticanas encargadas de justicia, paz, cuidado de la creación, atención a migrantes, pastoral de la salud y acciones caritativas. Es un indicador del paso de pastorales especializadas aisladas a una pastoral de conjunto, dinamizada con el impulso del discipulado misionero, en torno a la nueva categoría integradora: ecología integral. Una Iglesia en salida, pobre y para los pobres, que cuida, transforma, salvaguarda la Vida en nuestra casa común.

 En esta época de pandemia, un kairós para volver a lo esencial, tenemos la gran oportunidad de celebrar el Tiempo de la Creación, como se ha venido haciendo desde hace algunos años, entre el 1 de septiembre, jornada mundial de oración por el cuidado de la casa común y el 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís,  integrando múltiples facetas de la dimensión socio ambiental de la Evangelización.

 

Evangelizar con los pies en el territorio y Cristo en el corazón

Una partecita de esta gran Casa es nuestro lugar de vivienda. Nuestra “porciúncula” (pequeña porción) es un sitio sagrado. Cada familia es un santuario de la vida y como Iglesia doméstica no solo es un entorno protector de menores sino que se preocupa y ocupa de cuidar esa gran Casa Común. Responsabilidad que se aumenta al tener el privilegio de tener en nuestro territorio la presencia de los mayores páramos del mundo: el Sumapaz, Chingaza, Cruz Verde y Guerrero, así como estar dentro de la cuenca del Río Bogotá; hecho que nos une con todas las diócesis de la provincia eclesiástica. Un don que conlleva una gran responsabilidad, no siempre reconocida y asumida.

En estos días de reflexión sobre la dimensión social de nuestra vida cristiana y de la acción evangelizadora, vemos oportuno invitarlos a reflexionar sobre los primeros pasos de la conversión ecológica que el Papa Francisco nos invita a cultivar desde una revisión de nuestro estilo de vida y la relación que tenemos con el entorno. Una conversión que comienza necesariamente por volver la mirada a Cristo y a su Reino, desde donde se desprenden las demás conversiones.

Es la oportunidad de hacer un examen de conciencia, tomando este como punto central de este subsidio.  Hasta se plantea unas necesarias precisiones conceptuales y unos horizontes para vislumbrar el camino que debemos recorrer, con Nuevo Ritmo, como Iglesia Arquidiocesana. A continuación, en el documento podrán encontrar el itinerario y las herramientas para lograrlo.