El video del Papa

Hay enfermedades y condiciones muy graves que, sin llevar a la muerte, se extienden en el tiempo porque son incurables. Esto se vuelve especialmente dramático para quienes están recién comenzando su vida: los niños, y para todo su entorno familiar.
El Papa León, en su intención de oración para febrero, nos invita a rezar para que los niños que padecen enfermedades incurables y sus familias reciban la atención médica y el apoyo necesario, sin perder nunca la fuerza y la esperanza. En la oración de este mes, el Santo Padre nos llama a reconocer que, en los niños que sufren enfermedades incurables, "sus sonrisas, incluso en medio del dolor, son testimonio de tu Reino".
No estás solo: al rezar te unes a millones de personas de la Red Mundial de Oración del Papa que, desde cada rincón del mundo, oran por los desafíos de la humanidad y de la misión de la lglesia. Tómate un momento, reza con el Papa. Entra en nuestra página web para vivir una profunda experiencia de oración:
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En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor Jesús, que acogías a los pequeños en tus brazos y los bendecías con ternura, hoy te presentamos a los niños que viven con enfermedades incurables.
Sus cuerpos frágiles son signo de tu presencia, y sus sonrisas, incluso en medio del dolor, son testimonio de tu Reino.
Te pedimos, Señor, que nunca les falte atención médica adecuada, el cuidado humano y cercano, y el apoyo de una comunidad que acompaña con amor.
Sostén a sus familias en la esperanza, en medio del cansancio y la incertidumbre, y haz de ellas testigos de una fe que se fortalece en la prueba.
Bendice las manos de médicos, enfermeros y cuidadores, para que su trabajo sea siempre expresión de compasión activa.
Que tu Espíritu los ilumine en cada decisión difícil, y les conceda paciencia y ternura para servir con dignidad. Señor, enséñanos a reconocer tu rostro en cada niño que sufre.
Que su vulnerabilidad despierte nuestra compasión, y nos impulse a cuidar, acompañar y amar con gestos concretos de solidaridad.
Haz de nosotros una Iglesia que, animada por los sentimientos de tu corazón, y movida por la oración y el servicio, sepa sostener la fragilidad, y que en medio del dolor sea fuente de consuelo, semilla de esperanza y anuncio de vida nueva.
Amén.
